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Y vino el viento

Vino el viento para que se haga otoño.
Y me vi enterrado en tus ojos,
preso de este destino.
—Yo no soy la muerte; la que colecciona hojas del otoño— me dijiste.
—Yo no quiero derribar tus muros, penetrar en tu inocencia, hacerme dueño de tus sueños— respondí.
—Entonces ese sólo el sol que nos invita a salir corriendo; a desvestirnos.