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¿Qué será de mis manos?

¿Qué voy a hacer
si mis manos
ya no pueden acariciar esa ternura,
ese sonido de madera a
ñejada,
ese aroma de madrugada?

¿Qué será de ellas
si no pueden desvestir esos silencios?

Para qué serviran entonces
sino para el barro,
para tomar el hacha y golpear con firmeza,
para levantar el arma y disparar sin razón.

Nada tiene sentido entonces
si mis manos ya no logran dibujar tu sonrrisa,
si no pueden pintar tus mañanas,
si no consiguen esculpir tus anehelos.

Será mejor dejarlo
que sangren nomas,
que se entorpescan con la rutina díaria.
Si mis manos ya no pueden cantar
mejor que no digan nada.


El gato en la ventana

El gato en la ventana parecia una figura muerta,
estática, de porcelana
pero solo pretendía
hacer caso a sus instintos.

Escribo este poema

Escribo estos versos
para que nada se pierda,
para que nuestros sueño
no dejen de volar.

Escribo
para que no se escapen
el aroma de la tierra mojada
o esa melodía de invierno.

Escribo por la riza
y también
por los silencios del mediodía.

Escribo
porque me llega la canción,
por esa ventana, por el sol
y la luna que no deja de seguirme.

Escribo por cada hora contigo
y porque es inevitable
que todo vaya hacia el mar.

Escribo
para que el poeta no deje de escribir
y por supuesto
para que el amor no se muera
y el alma siga libre
que es la única forma de escribir.

Me llevo

(Puerto Rico,Misiones. Enero 2012)

Me llevo la tierra en mi piel
en mis pies curtidos
en mi alma desbastada.

Me llevo todo el sol que puedo,
los mil verdes
y la paciencia de mis ríos.

Me llevo por si acaso
la risa,
el canto alegre
y para no olvidar
el hambre de los niños.

Me llevo
el rugir caudaloso del diablo
y el misterio de los montes.

Me llevo un par de migajas
del pan que amasa mi historia.