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¿Qué será de mis manos?

¿Qué voy a hacer
si mis manos
ya no pueden acariciar esa ternura,
ese sonido de madera a
ñejada,
ese aroma de madrugada?

¿Qué será de ellas
si no pueden desvestir esos silencios?

Para qué serviran entonces
sino para el barro,
para tomar el hacha y golpear con firmeza,
para levantar el arma y disparar sin razón.

Nada tiene sentido entonces
si mis manos ya no logran dibujar tu sonrrisa,
si no pueden pintar tus mañanas,
si no consiguen esculpir tus anehelos.

Será mejor dejarlo
que sangren nomas,
que se entorpescan con la rutina díaria.
Si mis manos ya no pueden cantar
mejor que no digan nada.